OBOR y la Comunidad de Destino Común: avances en América Latina

Ayelén Leda[1]


OBOR y la Comunidad de Destino Común: avances en América Latina

Desde el 2012, el primer mandatario chino Xi Jinping, a través de su iniciativa de “Comunidad de Destino Común” (CDC), busca desarrollar medidas que promuevan el crecimiento de países menos desarrollados, profundizando el diálogo multilateral como así también, la creación de organismos multilaterales cuyo líder y principal referente sea el Gigante Asiático.

Este proyecto está circunscripto en el ambicioso proyecto OBOR (One Belt, One Road) que, si bien en un principio hacía referencia a la conectividad entre los continentes asiático, europeo y africano, y sus mares adyacentes, actualmente también se ha extendido a Latinoamérica. Este interés hacia la región fue manifestado públicamente en la Declaración final de la segunda reunión ministerial de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y caribeños) en Santiago de Chile, donde funcionarios chinos expresaron que los países de América Latina y el Caribe forman parte de la extensión natural de la Ruta de la Seda Marítima y son participantes indispensables de la cooperación internacional de la Franja y la Ruta.

Esta profundización de los vínculos sino-latinoamericanos también puede demostrarse por el lugar que China está ocupando en materia comercial: en la actualidad, es el principal socio comercial de Brasil, Chile, Perú, y el segundo en países como México, Argentina y Venezuela. Algunos análisis esgrimen que este fortalecimiento de la relación se debe a que América Latina es importante para China fundamentalmente por dos razones: por sus recursos naturales y por el posible mercado que se está desarrollando en la región para los productos chinos, dando cuenta de la existencia de una estrategia geopolítica – estratégica para tener peso económico en la región. Una línea crítica de esta “hermandad sino-latinoamericana” alude a que el proyecto Franja y Ruta es un mecanismo ideado por China para que sus compañías avancen a escala global, ante las limitaciones domésticas que tienen.

Si bien se vislumbran posturas diferentes en torno al nuevo rol de China en la esfera internacional, puede decirse que en los últimos años los discursos de muchos funcionarios latinoamericanos se han mostrado altamente optimistas ante la realidad que arroja el predominante rol chino, destacando su incidencia en la América Latina, sobretodo, en términos de cooperación comercial, financiera y de inversiones. En esta vía, los funcionarios también destacan que el enérgico crecimiento económico y prosperidad de la región también brindan nuevas oportunidades a los productos latinos de tener mayor presencia en el mercado chino. Esta situación refleja no sólo un tipo de cooperación comercial, sino también, exhibe uno de tipo cultural, ya que la imagen, la tecnología y los valores mutuos generan un espacio de intercambio único.

En cuanto a la cooperación científica-académica, es significativo que en los últimos años también se haya acrecentado la cantidad de Congresos, Seminarios y todo tipo de espacio de intercambio de esta índole entre China y América Latina, ya que uno de los objetivos del gobierno chino es extender a través de material intelectual, científico y cultural, el interés hacia China y lograr mayor entendimiento entre los pueblos. Para ello, en 2004 se produjo una redefinición de la política exterior de ese país, fundamentalmente destinada a mitigar las nociones de “amenaza china” planteadas desde Occidente. En función de ello, el ex presidente chino Hu Jintao formuló la “Doctrina de Desarrollo Pacífico” (DDP), la cual sostiene que el estatuto de gran potencia se alcanzará merced la modernización, el comercio y la cooperación, es decir por medios pacíficos, y no mediante ocupaciones o guerras como lo hicieron otras potencias en el pasado.

En ese marco, la dirigencia china ha promovido la recuperación del “Nuevo Confucianismo[2]”. Tomando en consideración la importancia a nivel mundial que ha tomado la figura de este filósofo, se ha fortalecido la promoción y apertura de Institutos Confucio, sobretodo en Latinoamérica, como principales organismos de carácter oficial que promueven la enseñanza del idioma y la cultura china.

Por otro lado, en términos políticos-diplomáticos, la incidencia de la segunda Reunión Ministerial de la CELAC antes mencionada, como así también, el reciente establecimiento de relaciones diplomáticas de Panamá, República Dominicana y El Salvador con China, también ponen en manifiesto que el principio de “una sola China” ostenta una creciente atracción y aceptación para América Latina y el Caribe, lo que significa la consolidación de la imagen china en la región para el resto del mundo y la mejor impugnación contra la teoría de la "amenaza de China".

Reflexión final

A pesar que los análisis en torno a la incidencia de China en América Latina arrojan diferentes percepciones, un punto coincidente entre ellos es que el Gigante Asiático ha sabido cómo vincular sus estrategias de política interna y externa a lo largo de las últimas tres generaciones de líderes (comenzando con Hu Jintao y continuando con los mandatos de Xi Jinping), como así también, ha sabido cómo relanzar el antiguo proyecto de la Ruta de la Seda con un nuevo formato (e intereses) que, con el paso del tiempo, se extienda a todo el territorio mundial, como una clara demostración del actual rol y predominio chino.

Hasta la actualidad, la sucesión de hechos dan cuenta de que la “Comunidad de destino común” desarrollada y promovida a través del magnífico proyecto OBOR se ha convertido en una nueva guía para la cooperación sino-latinoamericana que, a su vez, contribuye a fortalecer algunos viejos principios de la relación bilateral que buscan activamente los puntos convergentes, manteniendo el respeto recíproco a la elección soberana del sistema político y a la estrategia de desarrollo, sin dejar de lado la insistencia en el multilateralismo, la defensa hacia el sistema de comercio libre, la construcción de una economía global de apertura y el fomento de un desarrollo integral, inclusivo, equilibrado y de beneficio mutuo.

Vale destacar que el avance de estas relaciones también fortaleció el aumento de la cooperación cultural bilateral, necesaria para generar mayor interés entre las partes.

21/11/2018


[1] Licenciada en Relaciones Internacionales

[2] Corriente de pensamiento neoconservadora extendida entre los intelectuales de la China Continental, que aboga por la revitalización de la cultura tradicional china ligada a la moral confuciana. En términos generales, esta corriente prioriza el sentido de la armonía en la vida pública, en la política e incluso el medio ambiente.

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